Soy de aquellos que, de haber sido posible, habría salido a celebrar el domingo pasado cuando se conocieron los resultados de las elecciones generales. Me quedé con las ganas de sumarme a una caravana, copar la Plaza de Armas de Curicó y batir mis banderas al viento, especialmente la bandera de Chile, que a mi juicio es el gran ganador, tras el recuento de los votos.

Ganaron los votos y perdieron los vetos. Ninguna fuerza política tendrá la fuerza suficiente para vetar o impedir la discusión en materia de bases institucionales o impedir el reconocimiento constitucional de los pueblos originarios o la consagración efectiva de algún derecho social. Nadie podrá defender con éxito la privatización del agua o volver a insistir en que sobre ella puedan existir derechos de aprovechamiento exclusivos y excluyentes a perpetuidad.

No cabe duda que ha ganado Chile, porque se reforzó el concepto de que nuestra constitución se escribe en una hoja en blanco y no hay censura ni poder de vetos de ningún sector político por poderoso que sea. ¿Quién pudo imaginar un escenario tan optimista? La regla de los dos tercios, y prefiero pensar en positivo, servirá para la búsqueda de acuerdos mayoritarios y profundos  y no para imponer ventajas pequeñas de simples mayorías ocasionales.

En otras palabras, la regla de los dos tercios que fue concebida como un cerrojo para defender el modelo neoliberal consagrado en la Constitución de 1980, terminará siendo un camino a los grandes acuerdos como nación y a partir de estos acuerdos redactar una carta magna que sea símbolo de unidad de chilenas y chilenos y nos permita alcanzar los mayores niveles de progreso y bienestar para el conjunto de los miembros de nuestra sociedad nacional.

Nunca más una nación esclava de las leyes del mercado o prisionera de un Estado opresor como proponen los socialismos reales. Mercado y Estado, de ahora en adelante, serán meros instrumentos al servicio de la persona humana. Estos instrumentos deben permitir que las personas agrupadas en diferentes tipos de comunidades y asociaciones alcancen el mayor desarrollo posible de todas las potencialidades con que vienen al nacer.   

Una mega elección de esta naturaleza, tan trascendente, tan importante para el devenir de nuestra comunidad nacional, con dos elecciones inéditas de constituyentes y gobernadores regionales, auguraban un éxito de participación y, sin embargo, el temor al contagio de coronavirus fue más fuerte, especialmente en los adultos mayores, cuya participación experimentó un fuerte descenso respecto a la elección de octubre del año pasado.

Por amor a ellos, a los que no pudieron esta vez participar y merecen que los protejamos y cuidemos, para darles una gran alegría en el otoño de sus vidas, exijamos a los constituyentes electos que trabajen unidos y piensen en Chile y nos propongan la mejor constitución para progresar como una nación de hermanos.

Dejemos de lado el temor y el egoísmo imperante y volvamos a creer en el valor de la solidaridad, cuidando la casa común, tal como lo ha implorado el Papa Francisco en su última encíclica "Hermanos Todos".

Finalmente, en materia de gobernadores regionales, la asistente social y ex gobernadora de Curicó, Cristina Bravo, logró ganar de manera uniforme en todas las provincias de la Región del Maule. Esto representa un resultado, sencillamente, extraordinario para una mujer joven que sólo había enfrentado una elección popular en el pasado. Cristina logró la adhesión y respaldo de 98.772 electores. Su contendor, un perito forense que ha participado en matinales de televisión, es la única barrera para convertirse en la primera gobernadora regional electa de nuestra querida Región. En el Maule, en tiempos en que la paridad llegó para quedarse,  hay perfume de mujer y eso me llena de esperanza.


Gerardo Muñoz Riquelme

Abogado PUCV y Magister en Políticas Públicas UAI


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