El alza de los combustibles se instaló como un tema incómodo en la vida cotidiana de todos los chilenos y extranjeros que a diario se esfuerzan por mejorar su calidad de vida desarrollando las más diversas actividades laborales a lo largo y ancho de nuestro país. En medio de la algarabía, los aplausos, las celebraciones y actos protocolares relacionados con la instalación del nuevo gobierno, repentinamente y sin espacio para la discusión parlamentaria, con la sola publicación de un decreto con la firma del nuevo inquilino del palacio de gobierno, el jueves 26 de marzo de 2026, modificó drásticamente el precio de los combustibles. Desde entonces, cada visita a la bencinera se transformó en un recordatorio de la fragilidad de nuestra economía y la dependencia estructural que tenemos de los vaivenes internacionales. En este escenario, imagino que todos esperábamos que la ministra de Energía, Ximena Rincón, asumiera la difícil tarea de explicar y gestionar un fenómeno que, aunque global, golpea con fuerza en lo local.

El apellido de la ministra, tan cargado de metáforas, invita a la ironía. En el boxeo, cuando el árbitro ordena “¡a su rincón!”, los púgiles se repliegan, recuperan aire y esperan la próxima campanada. Algo similar ocurre en política: cuando los precios suben y la presión ciudadana se intensifica, los ministros suelen refugiarse en su rincón discursivo, apelando a factores externos y a la inevitabilidad de los mercados. La paradoja es que, mientras los boxeadores vuelven al centro del ring para seguir peleando, la política chilena parece preferir quedarse en la esquina, evitando el combate frontal con la realidad. 

Pero la ironía no termina ahí. La araña de rincón, ese arácnido que se esconde en las grietas de las casas y aparece en ciertos periodos del año, se convierte en una metáfora inquietante. El alza de los combustibles es como su mordida: silenciosa, inesperada y dolorosa. La ciudadanía siente el veneno en el precio del pan, en la tarifa del transporte y en la logística de las empresas. Y la política, como quien sacude el mueble para espantar a la araña, reacciona tarde y con soluciones improvisadas.

La ministra Rincón enfrenta entonces un doble desafío: salir de la esquina del ring y evitar que la araña siga escondida en los pliegues de la política energética. No basta con explicar que los precios suben debido a la guerra en tal país o por la decisión de la OPEP. Se necesita un relato que muestre un camino alternativo: inversión en energías renovables, diversificación de la matriz y un compromiso real con la transición energética.

La ironía es que, mientras la araña de rincón se oculta para sobrevivir, la política parece esconderse para no decidir. Y mientras el árbitro ordena a los boxeadores volver a su rincón para luego seguir peleando, la ciudadanía espera que la ministra Rincón haga lo contrario: salir de la esquina, enfrentar el centro del ring y dar la pelea por un futuro energético menos vulnerable.

En definitiva, el alza de los combustibles nos recuerda que no podemos seguir viviendo entre rincones: ni el rincón del discurso evasivo, ni el rincón oscuro donde se esconde la araña. La energía es demasiado vital para dejarla atrapada en metáforas. Es hora de que la política salga al centro del ring y enfrente, con decisión y creatividad, el combate por una matriz energética justa y sostenible.

Cristian Troncoso Pavez

Publicista

 

 
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